A veces tiendo a sentir cierta desesperación. Leo declaraciones como las de Cándido Méndez que dice que no podemos ligar salarios a la productividad porque cuando España crece, la productividad baja. Y lo peor es que todavía nadie le ha contestado. ¿Alguien ha pensado que eso debe ser que, como los tenemos ligados a la inflación y además en los convenios los salarios siempre suben por encima de la inflación, por eso cuando crecemos la inflación sube y baja la competitividad de nuestras empresas?
Luego veo la posición del comité de empresa de AENA y del gobierno - ¡absolutamente inconscientes! - sonriendo porque, dicen, que aunque todavía no puede darse por desconvocada la huelga, las posiciones se han acercado. ¿Cuando piensan dar la "buena nueva" de que se ha desconvocado la huelga? ¿Esperaran a que la mayor parte de los turistas hayan anulado sus vacaciones de semana santa o a que los tour operadores internacionales hayan encontrado otras opciones para el verano?
Estos y otros muchos ejemplos me hacen pensar que todavía hace falta mucha pedagogía en nuestro país. Demuestran con toda claridad que aún no somos verdaderamente conscientes de que es lo que ha pasado, de cual es la situación en la que nos encontramos y de cuales son nuestras perspectivas de futuro. Seguramente, los únicos verdaderamente conscientes son los que han sufrido las consecuencias de esta crisis "en sus propias carnes", parados y pequeños empresarios y autónomos totalmente arruinados (se habla demasiado poco de estos últimos). En UGT y en AENA está claro que no.
Y cuando hablo de pedagogía no hablo solo de contar las cosas como son. La mejor pedagogía no es la que hace explicando las cosas, sino la que resulta de ver los comportamientos de los que se supone que deben liderar el futuro de nuestro país. Y no me refiero solo a los políticos.
sábado, 12 de marzo de 2011
sábado, 26 de febrero de 2011
¿De verdad tenemos que soportar, tanta incompetencia?
¿Alguno de los que nos gobierna de verdad ha pensado un poco? Realmente estoy sorprendido. Soy una persona que utiliza bastante el coche. Mis obligaciones profesionales me obligan con frecuencia a desplazarme y el transporte público no me lo puede solucionar, porque suelo desplazarme a polígonos industriales alejados de sus rutas. Reflexiono sobre el tiempo que estoy en el coche, intento hacer un cálculo aproximado de cuanto paso en el coche a una velocidad superior a 110 km/hora y es realmente un porcentaje muy pequeño. A pesar de hacer bastante autopista, no más de 10%. Mi coche me da una idea de mi velocidad media y es inferior a 30 km/h, lo cual demuestra claramente que no me lo estoy inventando. Pero además, intento pensar en lo que ocurre cuando voy entre 110 y 120 y me doy cuenta que, cuando eso ocurre, voy prácticamente solo. Es decir, es un % mínimo de tiempo y afecta a un % mínimo de vehículos. Sin embargo si pienso en cuanto tiempo estoy a menos de 30 km/h, incluso parado, tengo claro que representa la mayor parte de mi tiempo, más del 60%. Y, en esos momentos, ¡estoy rodeado de coches por todas partes! Es decir la mayor parte de mi tiempo y que afecta a la mayor parte de los vehículos. ¿quien ha hecho ese cálculo de la cantidad de millones de euros que nos vamos a ahorrar con esa medida? Bueno en realidad debería decir ¿quien se lo ha inventado? ¿De verdad alguien cree que los ciudadanos somos tontos?
jueves, 17 de febrero de 2011
Deberíamos empezar a darnos cuenta del lío en el que nos hemos metido…
Los sindicatos de docentes USTEC-STEs, CCOO y FETE-UGT de Catalunya han denunciado hoy que el departamento de Ensenyament que dirige Irene Rigau ha enviado cartas a los directores de instituto anunciándoles recortes de entre el 20% y el 30% de sus presupuestos para gastos corrientes.
Ayer leía está noticia en la Vanguardia y me hacía reflexionar acerca de cual es la mejor forma de afrontar está nueva etapa que estamos viviendo, está mal llamada crisis y que, en mi opinión representa mucho más que eso, representa la necesidad de un cambio estructural en nuestra sociedad. Un cambio que debe comenzar por redefinir nuestro esquema de valores.
Desde mi punto de vista, ante una noticia como esta caben dos tipos de reacciones. La primera ya la hemos visto. La que han tomado los sindicatos y, al parecer, muchos de los responsables de los centros. Desde mi punto de vista, es la reacción de los que todavía no han entendido bien en que situación nos encontramos y, por ello, se limitan a “denunciar” y a quejarse por los recortes sin aportar nada, ningún tipo de propuesta de solución. Algunos, lamentablemente, van incluso un poco más allá y, de forma velada eso si, “amenazan” con soliviantar a las familias para presionar a la administración.
Pero hay una segunda reacción posible. La que, ingenuamente por supuesto, a mi me hubiera gustado ver. La que indicaría que hay personas que están empezando a darse cuenta de que las cosas han cambiado. De que la sociedad en su conjunto debe adquirir la conciencia de que aquel no era el camino y un compromiso de cambio. Y, especialmente, deben hacerlo aquellos que administran los recursos de todos y que, además, van a ser el referente de muchos de nuestros hijos. ¿Y cual podría ser esa segunda reacción? Pues se me ocurren varias iniciativas. He leído que hay quien se queja de que no van a poder limpiar tanto como lo hacían y que las cosas van a estar más sucias. Estos son los que no han entendido todavía que la mejor manera de conseguir que algo esté limpio, no es limpiarlo mucho, sino hacer todo lo posible para no ensuciarlo. Otros se han quejado de que no van a poder asumir el coste de la energía que consumen. Estos son suelen ser de esos que, mientras en la clase de sociales o de ciencias, se llenan la boca de “sostenibilidad”, todavía no se les ha ocurrido hacer un plan de ahorro de consumo en sus propias instalaciones. Y podría poner muchos más ejemplos. A todos estos que se quejan, yo les diría que empiecen a darse cuenta de que es necesario tomar el “toro por los cuernos”. En vez de "llorar", aprovechen la ocasión para iniciar programas internos de comunicación en los que responsabilicen a toda la comunidad escolar, profesores, alumnos y sus familias, para que usen los recursos públicos con respeto y responsabilidad. Para que eviten ensuciar las paredes, los suelos y las mesas y las sillas de los institutos y así se gastará menos agua y menos tiempo en limpiar o tener que repintar. Que sean mucho más respetuosos con todos los bienes de la escuela y así se gastará menos en mantenimiento. Que organicen concursos de ideas para reducir el consumo de energía, agua, papel o cualquier otro suministro o fungible. Que se organicen e impulsen proyectos entre todos para aprovechar uniformes, libros y demás material de unos cursos a otros. Con ello, conseguirán que los recortes de presupuesto puedan ser asumidos y otras cosas mucho más importantes, como pueden ser el transmitir de la mejor forma posible, con su propia actitud, a alumnos y familias valores muy importantes como el respeto y el ahorro y, de paso, se ganarán el respeto que tanto reclaman.
viernes, 11 de febrero de 2011
Cuando la diferenciación está en la capacidad de gestión...
Empecé la semana muy bien y la he acabado mejor. Jueves y viernes he participado en unas jornadas con un grupo de directivos de una empresa familiar catalana. ¡Una gozada! Empresa familiar de tamaño mediano que compite en un mercado hipermaduro. Dicho así, podría parecer otra cosa. ¿De que creéis que hemos estado hablando? ¿De la crisis?, ¿de problemas financieros? ¿De reestructuración?. Pues no, todo lo contrario. La empresa ha doblado su tamaño en los últimos cinco años y ha crecido más de un 25% en los últimos dos (en plena crisis) cuando el mercado se ha reducido un 7%. ¿La clave? Creo que el resumen de lo que hemos hecho estos dos últimos días da en buena parte las respuestas. Impulsado desde el Consejo de Administración y liderado por el Director General, el jueves estuvimos compartiendo la definición y concreción de su plan estratégico con ¡15 directivos! de primer y segundo nivel. El plan es aprovechar las oportunidades para seguir creciendo, mejorando la rentabilidad y reduciendo el riesgo.El equipo está formado por profesionales no familiares, con una edad media de menos de cuarenta años, que combinan experiencia, formación/conocimiento, ilusión a raudales e implicación. Pocas empresas conozco que impliquen a tantos profesionales en “estas labores”. Pero claro, cuando viene la implantación, un plan tan participativo siempre es más “rico” en ideas y realista, en la medida en la que más profesionales se han implicado en su definición. Luego está la motivación para llevarlo a cabo. Sobran las palabras ¿no?
Y esa es la clave, su diferenciación no está en la gama de productos, ni en la estrategia de precios, ni enla innovación. Su diferenciación está en haber creado un equipo y un estilo que les permite desarrollar una óptima capacidad de gestión de la gama, de la innovación, de la calidad, o de lo que sea. Y eso es diferenciación de verdad, porque es muy difícil de copiar. En fin, un orgullo formar parte de este equipo.
Y esa es la clave, su diferenciación no está en la gama de productos, ni en la estrategia de precios, ni en
martes, 8 de febrero de 2011
Practicar con el ejemplo
En el AVE a Barcelona, reflexionando sobre el trabajo realizado en los últimos días. Vengo de una excelente experiencia, en la que ha quedado demostrado que hay enfoques que funcionan de verdad en la práctica. Dos días literalmente "encerrados" para desarrollar un VSM (Value Stream Mapping) de un proceso estratégico con un cliente. Al acabar, valor añadido a raudales. Tres claves para que esté funcionando. La primera, un grupo de directivos con una excelente predisposición para aportar, absolutamente desprovistos de falso orgullo, poniendo encima de la mesa todas sus “supuestas vergüenzas profesionales” y con una gran motivación para aprender y mejorar. Por la posición que ocupan cada uno de ellos, hubieran podido adoptar una actitud mucho más distante y reservada, pero no lo han hecho. Se han mojado hasta el fondo y, sin dudar han puesto encima del tapete todas aquellas cosas que creían que tenían que mejorar. La segunda clave, la excelente conducción realizada por Josep Aguilar de Crealor un “profesional como la copa de un pino” con el que tengo el honor de compartir partenariado en este proyecto. La tercera clave, sin duda, el enfoque. Esfuerzo intenso y continuado, sobre un objetivo concreto y con una metodología muy estudiada y definida.
Para una persona que como yo, con vocación pragmático-docente, le gusta comprobar una vez más que lo que enseña realmente sirve para algo. Verlo en funcionamiento y participar en ello es siempre un auténtico placer. Todos los docentes deberían estar obligados a “vivir” por si mismos aquello que luego tienen que enseñar.
lunes, 31 de enero de 2011
Y tú, ¿que estas haciendo para cambiar la situación?
Esta semana pasada he mantenido dos deliciosas conversaciones, de aquellas de las que uno puede aprender, con dos personas, mujeres ambas. La primera fue en una comida del jueves con la responsable de Recursos Humanos de una gran empresa, una de las profesionales más competentes que conozco. La segunda el sábado, con una pequeña empresaria de aquellas que tiene un sentido común "poco común" (perdonad la redundancia), mientras íbamos a ver el partido de fútbol que jugaban nuestros respectivos hijos. En ambas conversaciones, hablando de entornos algo distintos, surgió la cuestión de la cantidad de gente a nuestro alrededor que hoy en día se siente mal por la situación en la que se encuentra. Los que no tienen empleo, porque no lo encuentran, los que lo tienen, por el mal ambiente, el poco dinero que creen cobrar o lo poco considerados que se sienten. Los que se van a jubilar en los próximos años, por los supuestos recortes sociales que se van a producir en las pensiones, los que reciben subvenciones de los gobiernos, porque les han reducido o eliminado sus partidas, los que … y en fin, un largo etcétera que no acabaríamos nunca. En todos los casos, lo curioso es que la constante es una, nunca uno mismo tiene la responsabilidad de nada de lo que le pasa. El problema es nuestro, pero la responsabilidad y la iniciativa para cambiar la situación, al parecer, siempre dependen de otros o, en el mejor de los casos, de la suerte. Después , este fin de semana, reflexiono sobre como me han ido las cosas en los últimos tiempos. Si tuviera que resumirlo, seguramente diría que no han sido tiempos fáciles. Supongo que no lo han sido para la mayor parte de las personas en este país pero, en todo caso, tampoco lo han sido para mi. En conjunto diría que he vivido una etapa profesional y personal muy intensa, en la que han sucedido muchas cosas importantes, significativas. Ha sido un año en el que he tenido que tomar y/o formar parte de la toma de bastantes decisiones que podría calificar de difíciles, decisiones que han requerido mucho esfuerzo profesional e implicación emocional por mi parte. Al mismo tiempo, tengo que decir que si tengo que hacer un balance final tiene que ser necesariamente positivo. Con los aciertos y errores que haya podido cometer, tanto a nivel personal como a nivel profesional, a día de hoy estoy definitivamente mejor que hace un año. En todo caso, hay una cosa que puedo decir con toda seguridad, y es yo soy el único responsable de lo que me haya podido pasar. Por supuesto, podría decir que el entorno me ha perjudicado, o que hay personas que no me lo han puesto fácil precisamente, o que no he tenido suerte o que todo está muy mal y con ello justificar todas las cosas que no han sido positivas. Pero sería un análisis totalmente erróneo. Finalmente, a lo largo de todo un año, a todo el mundo le ocurren cosas negativas y, si quieres verlas, cosas positivas. Hay momentos en los que te parece que la mala suerte te persigue y, si quieres apreciarlos, momentos en los que te tienes que sentir afortunado. Momentos en los que hay personas que se cruzan en tu camino y parece que te impiden avanzar, que incluso van contra ti y otros, si eres capaz de mirar un poco más allá, donde hay un montón de gente interesante y buena de la que puedes aprender y disfrutar. Así que, definitivamente el balance final de cómo me han ido las cosas no puede depender de lo que me es ajeno, sino de cómo yo, libremente, he decidido vivir y abordar todo lo que me ha sucedido, lo bueno, lo regular y lo malo.
Estoy dispuesto a aceptar que en cierta forma soy “un privilegiado” y que tengo más suerte de lo normal, especialmente si atiendo a mi entorno familiar. Pero en cualquier caso, para resolver aquellas cosas que no me gustan o que pienso que podrían ir mejor, la cuestión fundamental es, debe ser, ¿Qué estoy haciendo yo para cambiar la situación? ¿Va a servir de algo, quejarme constantemente de la “mala suerte” que tengo? ¿Va a servir de algo echarle las culpas al gobierno, a la sociedad de consumo y al gran capital, o a mi amante, mi vecino, mi compañero de trabajo o mi jefe?
Al final, en este país parece que aún no hemos entendido que vivimos en una democracia, que nos hemos hecho adultos, que en una sociedad libre, todos somos corresponsables de la situación en la que nos encontramos. Porque al final, ¿quien paga las pensiones? ¿Quién es responsable de crear empleo? ¿Quién ha elegido a los políticos que nos gobiernan? ¿Quién es el responsable de que no haya buen ambiente en el trabajo? ¿Quién es el responsable de que mi vida sentimental no vaya bien? La respuesta siempre es, debe ser, uno mismo. Si quieres buen ambiente en el trabajo, empieza por saludar sonriente a tus compañeros, todas las mañanas cuando llegues a tu despacho. Si no hay ofertas de trabajo en tu ámbito de actividad, ¡muévete! empieza desde hoy mismo a mirar que cursos podrías hacer para reorientar tu carrera profesional o, aún mejor, empieza a pensar y a moverte para intentar poner en marcha una nueva iniciativa empresarial. Si no te gustan los políticos que te representan, piensa bien a quien vas a votar en las próximas elecciones o, aun mejor, plantéate la posibilidad de acercarte al partido que mejor represente tus ideas e involúcrate en su dinámica. Seguro que las cosas no van a cambiar de hoy para mañana, seguro que una sola iniciativa no va a conseguir individualmente un gran efecto. Pero tengo claro que en este país las cosas empezaran a mejorar de verdad, en profundidad, cuando una parte significativa de la ciudadanía entienda que debe dejar de quejarse y ser “espectadora pasiva de sus miserias” y pase a convertirse en "protagonista de su historia".
Estoy dispuesto a aceptar que en cierta forma soy “un privilegiado” y que tengo más suerte de lo normal, especialmente si atiendo a mi entorno familiar. Pero en cualquier caso, para resolver aquellas cosas que no me gustan o que pienso que podrían ir mejor, la cuestión fundamental es, debe ser, ¿Qué estoy haciendo yo para cambiar la situación? ¿Va a servir de algo, quejarme constantemente de la “mala suerte” que tengo? ¿Va a servir de algo echarle las culpas al gobierno, a la sociedad de consumo y al gran capital, o a mi amante, mi vecino, mi compañero de trabajo o mi jefe?
Al final, en este país parece que aún no hemos entendido que vivimos en una democracia, que nos hemos hecho adultos, que en una sociedad libre, todos somos corresponsables de la situación en la que nos encontramos. Porque al final, ¿quien paga las pensiones? ¿Quién es responsable de crear empleo? ¿Quién ha elegido a los políticos que nos gobiernan? ¿Quién es el responsable de que no haya buen ambiente en el trabajo? ¿Quién es el responsable de que mi vida sentimental no vaya bien? La respuesta siempre es, debe ser, uno mismo. Si quieres buen ambiente en el trabajo, empieza por saludar sonriente a tus compañeros, todas las mañanas cuando llegues a tu despacho. Si no hay ofertas de trabajo en tu ámbito de actividad, ¡muévete! empieza desde hoy mismo a mirar que cursos podrías hacer para reorientar tu carrera profesional o, aún mejor, empieza a pensar y a moverte para intentar poner en marcha una nueva iniciativa empresarial. Si no te gustan los políticos que te representan, piensa bien a quien vas a votar en las próximas elecciones o, aun mejor, plantéate la posibilidad de acercarte al partido que mejor represente tus ideas e involúcrate en su dinámica. Seguro que las cosas no van a cambiar de hoy para mañana, seguro que una sola iniciativa no va a conseguir individualmente un gran efecto. Pero tengo claro que en este país las cosas empezaran a mejorar de verdad, en profundidad, cuando una parte significativa de la ciudadanía entienda que debe dejar de quejarse y ser “espectadora pasiva de sus miserias” y pase a convertirse en "protagonista de su historia".
jueves, 13 de enero de 2011
Educacion excelente
Oí hace unos días por la radio lo que para mi es una afortunadísima reflexión de Xavier Sala i Martín sobre el tema de la educación. En estos últimos años, se ha producido una eclosión impresionante a nivel mundial del deporte español. Más allá de hechos aislados que nada tienen que ver con la excelencia, todo el mundo está de acuerdo con que el éxito del Fútbol Club Barcelona en los últimos años se debe principalmente a haber hecho una extraordinaria selección de niños muy jóvenes con alto potencial y haber creado "la masía", una escuela para formar deportistas de elite. Lo mismo podríamos decir del tenis español y sus principales escuelas, del motociclismo, de las canteras de los equipos de baloncesto, de muchos otros deportistas y el CAR (Centro de Alto Rendimiento) de Sant Cugat y, así podríamos seguir con un largo etcétera. No solo hay coincidencia a la hora de hacer el diagnóstico, sino también la hay en los elogios del modelo. Tanto es así, que sus principales protagonistas están solicitadísimos para dar charlas y conferencias por doquier para explicarlo en multitud de foros, entre ellos y paradójicamente, el de las escuelas. Seleccionar a los mejores, crear escuelas de excelencia y dedicar recursos especializados para enseñar a competir, éticamente y en el buen sentido, genera profesionales excelentes que triunfan en sus disciplinas, lo que provoca un doble efecto positivo, por un lado da prestigio a un país y, por otro, crea un efecto llamada y de arrastre para el resto de los deportistas que encuentran un estímulo para esforzarse en modelos que les son muy cercanos.
Pues bien, una cosa tan bien hecha y que genera tanta unanimidad resulta que, cuando salimos del ámbito del deporte e intentamos plantearlo y aplicarlo en otros ámbitos educativos, genera un rechazo generalizado inmediato. ¿Porqué no plantearnos que podríamos aplicar este modelo, por ejemplo en la ciencia? Estoy totalmente convencido de que si nos diéramos una vuelta por los colegios de este país nos encontraríamos una gran cantidad de alumnos de 10 - 12 años con un talento especial y una gran motivación para las diferentes disciplinas dela ciencia. Si es así puedo asegurarles que, de entrada, llevaran casi con toda seguridad la etiqueta de "friquis" ante la pasividad de sus educadores. De hecho es muy probable que muchos de ellos estén intentando ocultarlo. ¿Y cual es el futuro que les espera? Pues más que probablemente, el de aburrirse como ostras, porque la escuela establece el listón de la educación para conseguir que aprendan los mínimos fundamentos los alumnos más flojos y ahí suele concentrar los máximos esfuerzos ¡total, los que van bien no necesitan ayuda, van solos! y, con el tiempo, acabar hastiados de su afición y totalmente desmotivados, amén de marginados por un sistema y una cultura que los considera “bichos raros”. ¡Cuánto talento desperdiciado! Sin embargo, hablen con la mayor parte de los pedagogos y expertos en educación en este país. Se opondrían totalmente a cualquier cosa que no sea el “igualitarismo”. ¿Diferenciar a los alumnos? ¡Ni hablar! ¿Educar para competir? ¡No! competir es malo por definición. ¿Más recursos para los que muestran más talento y voluntad? ¡Ni pensarlo!, todo lo contrario, más recursos para aquellos que menos talento tienen y menos esfuerzo realizan, hasta llegar a proponer pagar, con recursos públicos, subvenciones a los “ni-ni”. Y disculpen la frivolidad, pero cuanto más se auto etiquetan de “progresistas”, peor.
Deberíamos actuar, ser valientes. El modelo lo conocemos y sabemos que da resultados. Solo es cuestión de tener las ideas claras y dejarse de complejos. España podría ser tan excelente de ciencia o cultura como lo es en deportes, pero para ello hay que actuar y transformar el sistema educativo escolar de arriba abajo.
Pues bien, una cosa tan bien hecha y que genera tanta unanimidad resulta que, cuando salimos del ámbito del deporte e intentamos plantearlo y aplicarlo en otros ámbitos educativos, genera un rechazo generalizado inmediato. ¿Porqué no plantearnos que podríamos aplicar este modelo, por ejemplo en la ciencia? Estoy totalmente convencido de que si nos diéramos una vuelta por los colegios de este país nos encontraríamos una gran cantidad de alumnos de 10 - 12 años con un talento especial y una gran motivación para las diferentes disciplinas de
Deberíamos actuar, ser valientes. El modelo lo conocemos y sabemos que da resultados. Solo es cuestión de tener las ideas claras y dejarse de complejos. España podría ser tan excelente de ciencia o cultura como lo es en deportes, pero para ello hay que actuar y transformar el sistema educativo escolar de arriba abajo.
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